miércoles, 28 de septiembre de 2011
Las relaciones emocionales.
Las relaciones emocionales son diálogos, un juego peligroso en el que se invierten los sentimientos, todos ellos, los cuales las más de las veces te confunden, abandonan o surgen sin control. Un vínculo inexplicable, un lazo que sujeta ambas almas y somete siempre. ¿Ganador? No, tan grande es el premio (el éxtasis de tu alma) que sería absurdo coronar a alguno de los dos. ¿Dolor? Siempre, agoniza el espíritu bajo la duda, se derrumba al enunciar una palabra, se eleva al mirar sus ojos. La cercanía entre uno y otro puede ser tan próxima, como también se puede situar un abismo entre ellos. El cuerpo no comprende este desmedido descontrol del alma, tan sólo reacciona a los placeres carnales. La liberta es infinita, la imaginación vuela y tu mirada al mundo cambia. Los colores retoman ese peculiar brillo. Ellos que han logrado construir una cima entre los dos, ellos que han logrado penetrar hacia lo profundo del ser, ellos que han dejado heridas, ellos que han perpetrado la paz interior. Ellos que crean un torbellino dentro del otro, que lo llenan o que lo vacían. Así, sin más ni más, te someten al tormentoso (pero siempre gozoso) juego de peligro, del miedo, de la pasión, del amor.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Aveces caminamos, pensamos, meditamos y planeamos.
Sentimos, o deseamos hacerlo, nos dejamos llevar por las emociones
que nos llevan a donde quieran, sin rumbo y sin límite.
Aveces andamos sobre senderos pulcros, otras tantas
(las mayorías) sobre apenas suelos fríos y húmedos.
Y preguntamos: ¿Por qué esto?
¿Por qué no siempre vamos en el lugar correcto?
Y al mismo tiempo miramos al cielo y te sientes en él,
debajo de él y abrigado.
Al final, estamos solos, ¡bendito quien lo vea así!
Momentos en la vida, sólo eso.
Pequeñas fracciones de tiempo son las que
nos bastan para no sentirnos miserables, todos,
aunque, ¿alguien se ha preguntado si en verdad lo somos?
=)
Sentimos, o deseamos hacerlo, nos dejamos llevar por las emociones
que nos llevan a donde quieran, sin rumbo y sin límite.
Aveces andamos sobre senderos pulcros, otras tantas
(las mayorías) sobre apenas suelos fríos y húmedos.
Y preguntamos: ¿Por qué esto?
¿Por qué no siempre vamos en el lugar correcto?
Y al mismo tiempo miramos al cielo y te sientes en él,
debajo de él y abrigado.
Al final, estamos solos, ¡bendito quien lo vea así!
Momentos en la vida, sólo eso.
Pequeñas fracciones de tiempo son las que
nos bastan para no sentirnos miserables, todos,
aunque, ¿alguien se ha preguntado si en verdad lo somos?
=)
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